¿Qué es Milkbar?

El día que me pidieron que escribiera para el nuevo proyecto de Milkbar sonaba de fondo Here comes the rain again, de Euryhtmics y, siguiendo un poco el ritmo de la letra, “Falling on my head like a memory, Falling on my head like a new emotion”, mi cabeza se trasladó a otro lugar, en busca de esos recuerdos, de aquella etapa a la que le pusimos punto y aparte.

Quizá el hecho de crear de la nada el fanzine nos dio la sensación de estar creando vida y, como tal, nunca quisimos que muriera. A lo largo de esta entrada me propongo que nos conozcáis, que repasemos un poco los inicios de Milkbar, cómo se gestó, cómo se diseñó, cómo se eligieron sus contenidos, pero sobre todo qué demonios es Milkbar.

Mentiría si contase que Milkbar nació de una idea premeditada. Milkbar fue labrándose en el tiempo, en esas noches donde se forjan amistades bajo anillos cimmerios y jarras llenas de sueños y espuma, tardes de lectura incansables y de ver películas de serie B, horas de juegos de mesa y PC pixelados, días de música, pero sobre todo de cómic, mucho cómic, muchísimo. Conforme la idea fue tomando forma en nuestras bisoñas mentes, y lo digo en plural porque Milkbar no es una idea exclusiva de nadie, sino que fue un grupo entusiasta de amigos los que sacamos adelante el proyecto, nos dimos cuenta de que la empresa iba a costar más de lo que creíamos, y ya no solo en el tema económico, sino también en lo personal. En aquel entonces, la mayoría de nosotros éramos estudiantes, alguno que otro tenía un trabajo eventual y el tiempo era un recurso muy valioso, de lo cual nos percatamos en la elaboración de los siguientes números. Aprendimos a maquetar, diseñar, retocar fotografías, corregir… Recuerdo que los artículos nos los pasábamos entre nosotros en busca de errores y aún hoy en día, al releerlos, hay millones de fallos. Pero quizá esa fue, es y será la esencia de Milkbar; el resultado posiblemente no fuera brillante, pero el contenido, lo que se dice el contenido, lo que intentábamos transmitir, era oro puro.

Milkbar fue un soplo de aire fresco o así lo hicimos ver. Las secciones de las que constaba eran las de cómics, cine, música, los mundos de Luisito (nuestra sección fetiche), noticias relacionadas con el mundo del cómic en Almería y aportaciones casuales de otras personas ajenas a Milkbar. Fue una revista en la que queríamos contar las cosas desde nuestro punto de vista, queríamos que la gente que nos leyera sintiera que tenía algo valioso entre las manos, que el buenismo no era nuestra filosofía, que era, como un día dijo uno de nuestros redactores, “una revista para leer cuando vas a cagar y con la que no te limpias el culo”. Eso era Milkbar, la boca llena de peta-zetas, el sobre entero, un empacho de lo que era necesario transmitir al mundo, de lo que realmente era bueno, de nuestra necesidad de contar, de escribir.

Nuestro primer número, “el número cero”, lo presentamos en las Jornadas que se celebraron en la antigua Casa de la juventud de la ciudad de Almería, bajo la atenta mirada de Víctor Mora, creador de “El Capitán Trueno”, que nos bendijo con unas enriquecedoras palabras: “Seguid adelante, muchachos, y que Milkbar siga produciendo buena leche”. Y parece que así fue, mejoramos en un segundo número y lo bordamos en el tercero; el fanzine mejoró en calidad, diseño, artículos, secciones… y ahí se quedó. Lo que estáis leyendo es la continuación de aquella iniciativa que se quedó estancada, perdón, más bien, aparcada a la espera de que pudiéramos dedicarle el tiempo necesario a eso en lo que se había convertido. Desde aquí, podréis disfrutar de aquellos inicios que os invitamos a que os descarguéis, pasar un buen rato y escribirnos vuestras impresiones. Podría seguir escribiendo miles de anécdotas con respecto al fanzine; discutiremos sobre una sección sobre las mismas para que sigáis conociéndonos, pero creo que no es necesario que os entretenga con más historias y lo mejor es que paséis directamente al meollo.

Bienvenidos a Milkbar Fanzine online, hay barra libre.

-Ian Malcolm