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Proverbio espeleológico
Don Talarico
— En Don Talarico, el lenguaje parece una materia viva. ¿Cómo equilibra fidelidad histórica y legibilidad?
JAN: Siempre he creído que el lenguaje no es sagrado y se puede manipular creativamente al igual que un dibujo. El lenguaje de Don Talarico se basa en el castellano antiguo de varias épocas. La legibilidad se apoya en la participación del espectador. Si no pone de su parte, no funciona y no lo comprará. Tiene todo el derecho, como yo tengo el de fracasar.

— En El reconquistador, el habla parece tener tanto peso narrativo como la propia acción. ¿Es el lenguaje el verdadero protagonista de la serie?
JAN: No, simplemente es una característica de la personalidad de Don Talarico. Es como su traje.
— ¿Disfruta más escribiendo desde la restricción de una época o de un registro concreto, o desde la libertad?
JAN: No me siento restringido en nada de lo que imagino, si fuera así no seguiría. Creo que las épocas son solo el fondo de mis historias, no me pongo límites. La imaginación es un pájaro libre.
— Dice usted que no suele mirar atrás con sus obras. De todos sus trabajos anteriores, ¿qué tiene Don Talarico para volver a él, para haberlo recuperado?
JAN: No lo he recuperado. Las historias de Don Talarico las hago cuando tengo un espacio de tiempo libre suficiente. Si quiero hacerlo me tiene que gustar la idea. No es mirar atrás. Cada nuevo Talarico tiene una revisión de tono y forma. El último es muy diferente al primero.
— ¿Habrá más historias tras el quinto tomo?
JAN: No lo sé, sinceramente. Ahora soy libre de hacer tantas cosas que me limito a esperar a la señora Doña Inspiración. Nunca sé dónde para.

Oneie y público infantil
— Oneie conecta mucho con lectores jóvenes. ¿Qué cree que perciben ellos que a menudo los adultos pasamos por alto?
JAN: Los niños necesitan sus historias, por eso existen los cuentos. Cuando eran los que contaban las abuelas o abuelos eran más que terroríficos porque eran orales. Estos los hemos ido cambiando según los tiempos actuales y es también una tradición cultural que se pierde. Por eso creé Pulgarcito: para contribuir mediante el cómic a que no se perdiera esa cultura infantil preciosa. Ante las dificultades de proseguir y reeditar Pulgarcito, por tema de derechos, he creado Oneie, que es más o menos lo mismo, aunque va un poco más allá.
— ¿Escribe pensando en el lector infantil o surge de forma natural durante el proceso de creación?
JAN: Es el lector infantil lo que me interesa y en el que pienso al crear las historias de Oneie, tanto como las de Pulgarcito, pero siempre he considerado que pueden ser leídos por adultos perfectamente.
— ¿Busca una doble lectura infantil-adulta?
JAN: Eso sale solo. Desde la óptica profesional, he de dirigirme a los niños de siete a doce años por coherencia, pero pueden leerlo adultos de cualquier edad. No pongo límites.

— En mi librería acostumbro a atender a familias que buscan lecturas con escritura caligráfica o con pictogramas. ¿Cómo surge la propuesta de ilustrar la colección de Lectura fácil y divertida (Ediciones MP) adaptando cuentos tradicionales?
JAN: Eso fue una idea de Miguel Pellicer en los tiempos de Ediciones Druida. Él pintaba y yo dibujaba. Era un magnífico colorista. Aprendí mucho con él sobre el color.

— De toda su producción infantil, Trok Trok me parece excelente, ¿qué nos puede decir de ella? ¿Hay posibilidad de recuperarla?
JAN: Como todo lo de Editorial Bruguera, fue imposible encontrar los originales, en tanto que se los quedaron. Con esos cuentos conseguí que me dejaran escribirlos sin cambiarme los textos como siempre solían hacer en la vieja Bruguera. Pellicer era el director del departamento infantil en esa época y me apoyó. Me encantó hacerlos. Hoy cambiaría algunas cosas, pues he aprendido que hay niños con problemas de dislexia y debí tenerlos en cuenta. De todas maneras, estoy muy contento de haberlos hecho.

Los dos primeros ejemplares de la saga «Oneie» en las estanterías de Millenium Cómics (fotografía de Oti Yebra). Jan concibió esta serie como una continuación del espíritu de su querido «Pulgarcito», buscando contribuir a que no se pierda la cultura infantil a través del cómic.
Otras obras y experimentación reciente
— Usted nació en Toral de los Vados, ¿cómo surgió la iniciativa de colaborar con los carteles de Toral del tren?
JAN: Del teniente de alcalde, que descubrió que yo había nacido allá y me escribió proponiéndomelo. Naturalmente me encantó y les hice otras cosas. Fue muy satisfactorio, pero duró ya tantos años que pensé que estaba cerrando el paso a autores locales jóvenes. Por eso lo dejé.
— Rix Tech Format, un magnífico cómic a nuestro parecer, da la impresión de haber sido una obra especialmente disfrutada durante el proceso de creación. ¿De dónde surge la premisa? ¿Tenía claro que sería una trilogía?
JAN: Ciertamente que lo disfruté, de eso se trataba. Las noticias hablaban mucho de Elon Musk y no me acababa de cuadrar su filosofía de manera que la analicé y llegué a la conclusión de cómo sería un futuro creado bajo sus premisas. De ahí a escribir esa historieta solo habían dos pasos. Claro, que fue una trilogía desde el principio y de la que luego haría otra como spin off de otros personajes que salen en la primera. En ello estoy ahora mismo: Las gemelas Tic y Tac.

Industria, reediciones y memoria
— Gracias a editoriales como Amaníaco o DQ se han recuperado muchas obras. Creo los aficionados no agradecemos lo suficiente la labor de Amaníaco en la recuperación de sus trabajos ¿Cómo valora el trabajo de Jordi Coll? ¿Y el de José Luis Córdoba en la desaparecida DQ?
JAN: A Jordi le debo poder seguir publicando lo que hago, pese a ser una editorial pequeña y no poder distribuir tanto. Me permite trabajar como quiero y con las ideas que quiero sin condiciones. Estoy muy agradecido a ambos, aunque lamento mucho la retirada de José Luis Córdoba.
— ¿Consideraría una reedición de Pulgarcito al estilo de los integrales de Superlópez?
JAN: Ya se estaba haciendo con Jordi Coll y Ediciones B en 2017, pero lo cortaron. Ahora no tengo ni idea, pero creo que no hay interés real en ello. Ojalá me equivoque. No depende de mí.
— Ya que Don Talarico aparece en Lucas y Silvio, ¿sería la siguiente serie a recuperar por Amaníaco? ¿Qué nos puede contar de ella?
JAN: Lucas y Silvio la cree en Cuba y fue bastante popular. Por eso lo volví a hacer en Strong al volver a Barcelona, pero no duró. Jordi Coll ya me habló de reeditarlo, pero no hay nada concretado. Es posible. A mí no me importaría.

Tradición, influencias y compañeros
— Su obra parece dialogar con tradiciones muy distintas: la historieta clásica, el humor, incluso cierta literatura de época. ¿Qué referentes siente cercanos?
JAN: No se me ocurren. Será que leo poco cómic. Evito en lo posible ser influido por otros colegas. En cualquier caso, todo es cultura y es lo que me interesa.
— Querría darle una serie de nombres para que me diera su opinión sobre ellos: Antonio Martín, Juan Pellicer e Francisco Ibáñez.
JAN: Antonio Martín fue para mí un apoyo muy valioso cuando empezaba al volver de Cuba. Su confianza y apoyo han resultado en cosas como el Superlópez o el Superioribus. Ambos ejemplos se deben a sus sugerencias e iniciativas. Le tengo estima. A Miguel Pellicer, que no Juan, lo conozco desde que yo tenía diecisiete o dieciocho años y le considero mi mejor amigo de toda la vida. En gran medida, Superlópez y Pulgarcito se deben al apoyo que tuve por su parte dentro de Bruguera. Creyó en mí y eso era inestimable. Era un magnífico director que sabía tratar a la gente. Francisco Ibáñez: un genio. Qué voy a decir. En su línea era infatigable, incombustible e inagotable. Un gran autor.

Compromiso, pedagogía y mirada social
— Sus historietas tienen una dimensión pedagógica, siempre actual, ¿cómo se encuentra ese equilibro entre contar y no imponer?
JAN: Ay, dímelo tú. Yo todavía no lo he descubierto. Será que me sale todo solo, pero también que el mundo docente para mí es muy importante. He tenido cierta relación con este y creo que la educación es una labor minusvalorada y difícil. Trabajar en cómic para los muchachos tiene una parte de responsabilidad de tipo pedagógica y yo me tomo muy, muy en serio ese aspecto.
— ¿Cree que el cómic sigue teniendo capacidad crítica o que, por el contrario, ha perdido filo frente a la saturación de imágenes y discursos?
JAN: Lo que ha perdido son lectores. Todo lo demás depende de cada autor, no hay dos iguales. Sí que ha perdido peso frente a móviles y tabletas. No tengo soluciones a eso.
— Aborda temas como crisis, contaminación o manipulación mediática. ¿Ha alcanzado – o incluso superado – la realidad a la sátira?
JAN: Realmente sí. Abres un periódico y ya ves todo un rosario diario de despropósitos que sin embargo son realidad: una realidad a veces risible, a veces sangrante. De ello salen muchas de mis ideas, de la realidad.

Presente y nuevas generaciones
— En otra entrevista decía que se adapta a la actualidad social. Habiendo vivido una posguerra, una revolución social, dos dictaduras, varias crisis económicas y una pandemia, ¿cómo ve el mundo actual?
JAN: Bastante mal y con ganas de dejarlo, pero no hay otro. Lo peor es que amontonas experiencias y no te sirven para nada ante la falta de empatía y memoria. Cada generación nueva ignora las vivencias de las anteriores y/o no se las creen; por tanto, las repetirán, y así sucesivamente. De nada sirve haber sufrido una guerra como la de Hitler: el mal siempre vuelve. Si no, ¿cómo es posible Gaza o Ucrania? ¿Ya no nos acordamos de Croacia? Veo a la gente, en general, más informada sobre fútbol que de política. Y así nos va.
— ¿Influye nuestra actualidad en sus nuevas obras?
JAN: No lo sé, pero mis experiencias me hacen ser como soy y, consecuentemente, así son mis obras: nuevas o viejas.
— ¿Es difícil llegar a nuevos lectores hoy?
JAN: Luchar contra las redes, los móviles, internet o la IA es batalla perdida de antemano. Lo considero un fracaso de la educación pública. Poderoso caballero es Don Dinero, decía alguien de otra época. ¿Le hicieron caso?
— Ha comentado en varias ocasiones la dificultad de llegar a nuevas generaciones frente a otras formas de entretenimiento. ¿Es una batalla perdida o aún hay margen? Como anécdota, en la librería donde trabajo una niña de unos diez años ojeaba el cuarto número de Don Talarico y empezó a reír a carcajadas, llevándose consigo los dos únicos ejemplares de la saga de los que disponíamos en ese momento en la librería.
JAN: Ya me dirás si una niña de diez años dispone del dinero necesario para eso. Estaría su papá presente o sería un caso excepcional. Es la razón porque no continué Pulgarcito al no poder compaginarlo con Superlópez. Me hubiera quedado sin nada. De cualquier manera, me alegro de que existan niñas de diez años tan inteligentes. Felicita a su padre, si es posible. Ahora, en serio, de excepciones así nadie puede vivir.
— Si empezara hoy, ¿contaría el mismo tipo de historia?
JAN: Según cuál. En realidad no me arrepiento de ninguna, pero hoy no sabría cómo empezar de nuevo. En los años de la posguerra o en los setenta todo era muy diferente y no había ordenadores ni móviles. No sé, tal vez ahora tendría que hacerme informático para tener futuro.

Últimos tragos
— Si tuviera que definir su forma de hacer cómic en una frase o con una sola palabra, ¿cuál sería?
JAN: Ya sé que no es una palabra, pero elegiría el signo de interrogación inmortalizado en el trofeo que recibí en el Salón del cómic de Barcelona en 2002. Creo que es el símbolo que define mejor el cómic y por ende mi forma de entenderlo.
— ¿Qué le sigue sorprendiendo de contar historias y del acto de dibujar?
JAN: Sus infinitas y variadas posibilidades creativas.
— Querría pedirle algunas recomendaciones. ¿Nos puede decir algún cómic, novela o película que haya disfrutado últimamente?
JAN: ¿Últimamente? Pues sí, una obra maestra de Lorenzo Caudevilla. Me tiene impresionado por el buen hacer y dominio. Tiene nivel. Lo recomiendo.
— Y por puro placer: ¿qué le gustaría dibujar si no hubiera ninguna expectativa? ¿Rescataría algo del pasado para devolverlo al presente?
JAN: Rescatar una obra pasada es reeditar y presupone que ya se realizó. No soy editor. Como autor he de hacer siempre cosas nuevas. O eso creo. En ese sentido, el vuestro, deberíais hacer esa petición a mis editores en general. Un autor que se repite es un gomígrafo. No miro atrás. Para seguir hay que mirar adelante o te despeñas. Sin expectativas sería por estar ya en una caja rectangular…


Magnífica entrevista! Muy recomendable