La vuelta del Boss: Letter to You

Número 1 en numerosos países, aunque no en España, ese puesto se lo ha quitado Vanesa Martín y con la crítica a su favor, Bruce Springsteen ha vuelto con un disco digno de ser incluido entre los mejores de su discografía.

Recientemente Springsteen en una entrevista en la que le preguntaban ¿a quién va dirigida esa carta? En alusión al título del disco y este respondía entre risas “esta carta va dirigida a ti» (o a vosotros, según se quiera traducir).

Y eso es, una carta escrita desde el corazón en forma de disco para todos aquellos que quieran escucharla. Es de agradecer que alguien con 71 años sea capaz de gestar un disco de esta envergadura a esas alturas de la vida.

Evidentemente no vamos a tener un disco comparable a aquellos que facturó en los 70s y mediados de los 80s, ningún artista lo ha hecho y Bruce no es la excepción, pero sí ha retomado el pulso y nos regala los oídos con 12 temazos que más quisiera yo componer alguna vez en mi vida y serían sin lugar a dudas el culmen de mi carrera.

Los 2000 los empezó bien (los 90 es mejor olvidarlos, fue su peor década), reunió a la banda ¡que hará estremecer vuestras casas, hará que se os caigan los pantalones, impactará en vuestros cerebros, hará temblar la tierra, os hará mover el culo, os hará sentir como si hubieseis tomado Viagra, os hará hacer el amor, el grupo más sexy y electrizante, que hace chillar a las mujeres y llorar a los hombres… La Legendaria E STREET BAND! (así es como presenta a su irrepetible grupo de colegas en los conciertos) tras  14 años sin grabar con ellos y sacó un muy digno The Rising en 2002, con un sonido alejado de aquellas producciones elegantes y añejas de sus maravillosos primeros discos, pero los tiempos cambian y hay que renovarse, pero aún así volvía a reconectar con su público de antaño y enganchaba a las nuevas generaciones.

Tres años después soltó el pie del acelerador, volvió a dejar de lado a su amada banda y nos entregó Devils & Dust (2005) un disco bastante flojo y en 2006 We Shall Overcome, un disco divertido de folk bastante recomendable y muy alejado de todo lo que había hecho en las tres décadas precedentes.

Y llegamos a 2007, reúne otra vez a la banda y nos entrega el mejor y más redondo disco desde hacía más de 20 años llamado Magic, potente y visceral.

Tras Magic, en 2009 también con la E Street Band saca el Working On A Dream, bastante irregular, con poco salvable y así despide la década.

En 2012 cambia de productor y nos trae Wrecking Ball, otra vuelta de tuerca a su sonido, para actualizarlo y una bajada de calidad más, no tan nefasto como su anterior disco, pero le falta algo, demasiados arreglos, sobreproducción e incluso con incursión el en rap en una de sus canciones. Como dato curioso introduce el solo de saxo de Clarence Clemons (saxofonista) y Danny Federici (teclista), fallecidos en 2011 y 2008, respectivamente, recuperando sus ejecuciones de grabaciones en directo.

Llegamos a 2014 y lanza High Hopes donde toca fondo y nos da una muestra de falta de creatividad, con un disco que incluye versiones de otros artistas, por primera y única vez en su carrera en un disco de estudio (si no contamos con el We Shall Overcome, que era un homenaje al cantante folk Pete Seeger), descartes de de discos anteriores, regrabaciones de antiguas canciones y volviendo a hacer un uso excesivo de arreglos y sustituyendo a Little Steven (guitarrista) que se encontraba rodando la primera serie original de Netflix “Lilyhammer” (si no la has visto y te mola los Soprano, ya estás tardando) por Tom Morello de los Rage Against The Machines, que ya había hecho una pequeña colaboración en el anterior disco pero que aquí se torna abusiva. Siendo Springsteen un muy buen guitarrista y secundado por los no menos buenos Steve Van Zandt y Nils Lofgren, su rock nunca se ha caracterizado por los solos de guitarra, pero en este disco le dan carta blanca a Tom Morello en demasiadas canciones y se hace algo cargante. No llega a ser comparable, pero es como si metes a Yngwie Malmsteen a hacer un disco y una gira con La Oreja de Van Gogh, vamos que sobra.

Pasan los años y no es hasta 2019 que Bruce saca disco con material nuevo, llamado Western Stars. Aquí vuelve a prescindir de su grupo fetiche y nos suelta un disco insulso lleno de arreglos orquestales pero que no salva el barco del hundimiento. He de aclarar que para los fans de este artista de New Jersey (yo me incluyo) cada disco que anuncia es como el acontecimiento de la década, se paraliza el tiempo y estás deseando tener el disco en tus manos para escucharlo una y otra vez. Pero eso no pasaba desde hacía ya unos cuantos discos. Sí, en la primera escucha te emocionabas por estar oyendo material nuevo del Jefe pero luego decías “esto ya no es lo que era” y volvías a sus viejos discos que son los que te emocionan y este Western Stars no fue la excepción, es más ni se planteó salir de gira, porque creo que él mismo se dio cuenta que era indefendible sobre el escenario y se sacó de la manga un concierto – documental estrenado en cines, tan soso como el disco.

Y por fin llegamos a lo que habíamos venido, su último disco.

Si esta introducción te ha parecido larga, piensa que estamos hablando de un artista que su trayectoria musical abarca ya 6 décadas y aunque sus mejores discos se concentren en sus primeros 15 años de carrera, me he centrado en hablar de sus trabajos en estudio del siglo XXI, para contextualizar y dar perspectiva de lo que supone este nuevo LP tras prácticamente 30 años que incluyen algún disco bueno, alguno pasable y demasiados que, sin llegar a ser mediocres, dejan mucho que desear de un artista con sus aptitudes.

Hay que decir que Letter To You se grabó en directo con su vieja banda de amigos, en algún momento del invierno de 2019 durante cinco días, en el estudio que Bruce tiene en su rancho de New Jersey. Para los no iniciados en el bello mundo de la producción  musical, primero, evidentemente se compone la canción, luego se realizan unas maquetas, para mostrarles a los músicos por dónde van los tiros y finalmente, sobre esa base la banda va metiendo sus instrumentos, que estos se suelen grabar por separado, es decir, cada músico tiene su sesión o sesiones para grabar su instrumento y hacer tantas tomas cómo sea necesario hasta que su interpretación sea perfecta y encaje con la visión del productor, sin la necesidad de tener que coincidir con el resto de compañeros en el estudio, incluso uno puede grabar el bajo en su casa de Badajoz y el guitarrista en un estudio de Bangladesh y luego envían las pistas a través de internet al productor que está en Oslo y él se encarga de encajarlo todo, además de luego poder añadir infinidad de capas de sonido sobre la base, como puede ser incluso una orquesta sinfónica. Con esto se consigue una mezcla más rica en matices pero se pierde naturalidad y que luego resulta casi imposible llevarla al directo, pues en vivo por lo general se carece de esos medios.

Sé que me voy por las ramas y apenas he dicho cuatro palabras de lo que aquí nos concierne, pero para mí es importante que entendáis lo que ha hecho este señor con este último trabajo.

Bruce cambió su metodología habitual y lo que hizo fue componer las canciones y grabarlas con su Iphone acompañado solo de su guitarra y pasársela a los músicos, para que se fuesen familiarizando con los temas y dejar que la magia surgiese en el estudio, sin ideas preconcebidas y sin saber que rumbo tomaría cada canción.

Y la magia surgió, vaya que si surgió.

En Letter To You encontramos a un Springsteen reflexivo, consciente de que ya no es un chaval y que el tiempo se acaba, el final está cerca y muchos compañeros de viaje se han quedado por el camino, pero no por ello es un disco melancólico, rebosa energía y honestidad.

El disco empieza con una sosegada ‘One Minute You’re Here’, algo poco habitual. Por norma general en un disco de rock, se suele empezar con un tema contundente, que te pegue, por hablar de una manera llana, una buena hostia en la cara y te diga vas a flipar con este disco. Pero como he comentado, esto no es así y nos encontramos a un Bruce casi susurrante que nos habla de lo efímera que es la vida “un minuto estás aquí, al minuto siguiente te has ido”. Si no fuese porque lanzó unas semanas antes el single ‘Letter To You’ me habría decepcionado pensando que iba a ser un pelmazo como fue para mí, su anterior trabajo.

Vamos con el segundo corte, lo primero que pudimos escuchar de este disco, ‘Letter Yo You’. La primera vez que la escuché me dije «¡La E Street Band ha vuelto”, porque cierto es que me asusté cuando se filtró la portada con un Springsteen abrigado, sobre un fondo invernal y los copos de nieve cayendo y vi el título del disco, pensé que sería un disco lento, introspectivo, pero no pude estar más equivocado, el músculo de la banda había vuelto y sin estar tapados por la sobreproducción que sufrían sus anteriores colaboraciones con el jefe.

Cómo bien dice el título, esto es una carta para ti, es el regalo que tiene para ti, disfrútalo porque Springsteen se está sincerando contigo.

La siguiente es ‘Burnin’ Train’, con un ritmo trepidante, una batería majestuosa de Max Weinberg que nos sube al tren de la redención del que nos habla la canción.

No sé por qué, está canción me recuerda a ‘Brilliant Disguise’ del álbum Tunnel Of Love del 88 pero con una inyección de adrenalina.

‘Janey Needs A Shooter’ es uno de los tres temas que Springsteen ha rescatado de los 70s para este disco, pero que nunca había sido publicado oficialmente.

Springsteen en una entrevista dijo que tenía curiosidad por revisitar aquellos viejos temas compuestos con apenas 20 años  con su voz actual.

Aquí tenemos al Bruce verborreico y Dylaniano de su primera época, con una historia llena de personajes rocambolescos. Estilo que abandonó pronto para desmarcarse de Dylan y dejaran de compararlo con el cantautor de Minnesota.

El personaje principal es Janey que busca llenar el vacío que tiene en su interior con distintas personas, pero solo él, el narrador, sabe lo que ella necesita.

Seguimos con ‘Last Man Standing’ la canción que se puede decir que es la génesis de este disco.

En 2018 mientras Springsteen se encontraba dando recitales acústicos cinco días por semana en Broadway, algo que hizo durante más de un año y que según él, fue lo más parecido a tener un trabajo normal, aprovechaba algunos días que no actuaba para ir a visitar a su amigo George Theiss que estaba en el lecho de muerte. Era el guitarrista de su primera banda, The Castiles y con la defunción de éste, supuso que Bruce se convirtiera en el último componente vivo de su grupo de la adolescencia.

Así que cogió una acústica que un fan italiano le regaló a la entrada del teatro de Broadway y empezó a escribir sobre lo que supone ser el último que queda en pie.

Aquí tenemos la primera colaboración de Jake Clemons al saxo, sobrino del malogrado Clarence Clemons, el eterno saxofonista de la E Street Band y la verdad es que hace una interpretación digna de su tío.

Llegamos al meridiano del disco con ‘The Power Of Pray’ donde nos habla del poder de curación a modo de oración de la música, en este caso el rock, algo innegable y que en este disco se hace patente.

Con ‘House Of A Thousands Guitars’ al igual que el anterior corte tenemos a Roy Bitan empezando la canción con su magistral manera de interpretar el piano que me recuerda a a aquellas intros de antaño como en ‘Backstreets’ del disco Born To Run o ‘Racing In The Streets’ del Darkness In The Edge Of Town, que por cierto son dos de los mejores discos del Boss.

Como en ‘The Power Of Pray’ es una canción que habla de la esperanza y de lo que la magia de la música puede hacer para que la chispa encienda el fuego de nuestras almas.

‘Rainmaker’ es la siguiente canción y que junto con ‘One Minute You’re Here’ son las que se salen del tiesto de este disco. A ver me explico.

Ambas canciones se nota que no forman parte de las jornadas que supusieron la creación de este disco por una sencilla razón, la voz del Boss irremediablemente ha cambiado con los años y en estos dos cortes recuerda al timbre que tenía hace unos cuantos lustros.

Al menos la canción con la que da comienzo este disco, tiene una temática acorde con el resto de sus hermanas, sin embargo ‘Rainmaker’ se adentra en la temática  política y nos presenta a un “Vendehumos” que aprovecha la desesperación de la gente para hacerles creer una mentira. Supongo que Bruce sabiendo que cuando se publicara el disco, las elecciones para la presidencia de Estados Unidos estarían a la vuelta de la esquina, decidió meter esta vieja canción, posiblemente grabada en las sesiones del Magic, lanzado un dardo a Trump, pues es sabido que Springsteen es un demócrata hasta el tuétano y lleva un par de décadas metiéndole caña a los candidatos republicanos.

A parte de la temática, encontramos una producción diferente a la del resto y aparecen por primera vez arreglos de violines y secciones de viento, que nos dan otra pista, de que está canción viene de un descarte de otro disco, aún así, es una canción poderosa.

‘If I Was The Priest’ es la segunda canción del disco rescatada de los comienzos del artista. Ambientada en el lejano Oeste, volvemos a un tema plagado de personajes de la más diversa índole con referencias bíblicas como la virgen María que trabaja en el Salón llamado Santo Grial, Jesús o un sacerdote tratando de hacer frente a los malos que vienen desenvainando sus armas.

Aquí, como he comentado anteriormente, tenemos a un Bruce fuertemente influenciado por Bob Dylan, con ciertos dejes en su voz que recuerdan al cantautor judío.

Musicalmente podemos destacar la aparición de la harmónica, tan presente en su discografía y el espléndido solo de guitarra de Steve Van Zandt para cerrar el tema más largo del disco.

Y ahora le toca el turno a ‘Ghost’, la que para mí es la canción más redonda, comercial, rockera y la que nos muestra el porqué la E Street Band, es  una de las bandas más sólidas y contundentes de la historia del rock.

El tema empieza con una poderosa batería de Max Weinberg para que acto seguido Springsteen entre con su voz y el resto de la banda como una apisonadora para mostrarnos que pese a ser unos septuagenarios, aún están vivos y son capaces de crear himnos que harán estremecer la sangre dentro de los huesos.

Todo en esta canción a pesar de tener cierto trasfondo trágico, es una oda al “buen rollismo”, te pone a mil y te hará desear dejarte la garganta cantándola rodeado de otras 60 mil almas a los pies de del escenario mientras que Bruce y los suyos hacen lo que mejor saben hacer.

La canción perfecta, desde la base rítmica a esos maravillosos coros. Gracias Bruce.

Cerramos el círculo de los rescates de setenteros con ‘Song Of Orphans’. Dylan vuelve a estar presente desde el principio con esa harmónica que me recuerda al principio de ‘The Promised Land’ del disco Darkness In The Edge Of Town y seguirá revoloteando largo del resto de la canción.

Otra joya que en este caso habla de la esperanza y que sus fans más acérrimos amarán y les hará soñar con un segundo volumen de la caja Tracks del 98, dónde rescataba 69 canciones que habían sido descartadas de sus álbumes, no por malas, porque hay auténticos tesoros, sino porque Bruce era así y por muy buena que fuera una canción, si consideraba que no pegaba con el resto del disco, por el motivo que fuese, pues la dejaba fuera.

Y llegamos a la última de las 12 canciones que componen el que para mí es el mejor disco de rock del 2020 y su mejor disco en mucho tiempo, no como el último de Bon Jovi, que no hay por donde cogerlo.

Creo que no hay mejor cierre para esta carta que Bruce ha escrito para nosotros, que esta ‘I’ll See You In My Dreams’ donde los que ya no están, nos visitan en nuestros sueños y siguen a nuestro lado y presentes en este corto viaje que es la vida.

Aunque nos narre algo que en principio es triste, nos lo cuenta desde una perspectiva alegre, esperanzadora y honesta porque la muerte no es el final, te veré en mis sueños.

2 comentarios

  1. Excelente disco que gana con cada escucha, aún no se si me gusta más que Magic, pero probablemente acabé siendo así. No sabía que tres canciones eran antiguas (las tres sensacionales), lo cual no le quita merito alguno (el 80% del Chinese Democracy estaba compuesto y casi que grabado ya en 1999 y, aunque irregular y regrabado hasta la nausea, sigue siendo un discazo). Coincido con que Rainmaker es la peor del disco y la que menos pega temáticamente. Ghost con los coros del público en un concierto puede sonar sublime, House of a thousand Guitars y I`ll see you in my dreams me emocionan y recuerdan lo finito de la existencia. ¡Burnin Train te pone las pilas!

    Magnífico articulo señor Potter.

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