Retrospectiva: El Trueno Azul

Carátula de "El Trueno Azul"

Hoy hurgamos un poco en esta poco conocida pieza de los años ochenta…


 

A finales de 1979, Dan O’Bannon, fanático de la ciencia ficción y prometedor guionista de Hollywood recién salido a la palestra con ni más ni menos que el guión de la fabulosa «Alien», se ve obligado a parar momentáneamente su carrera por un problema de salud. Comprendiendo lo frustrante de este parón justo en la cresta de la ola, su buen amigo, también guionista y compañero de carrera Don Jakoby se ofrece a ayudarlo para sacar adelante juntos su próximo proyecto, en el que O’Bannon hasta ese momento, y haciendo gala de su aficción a la ciencia ficción, tan sólo había fantaseado con experimentar sobre algunos conceptos del clásico «1984» de George Orwell.

Un día, mientras ambos ponían ideas en común, apareció un helicóptero de la policía de Los Ángeles que les sobrevoló de forma más intrusiva de lo normal, como si por un momento pretendiese espiarles… Aún perplejo, O’Bannon, volviendo a «1984», visualizó mentalmente el Gran Hermano y los amenazantes autogiros del INGSOC:

-«¿Qué tal un psicópata que sobrevuela la ciudad en un helicóptero tecnológicamente muy avanzado, amenazando y espiando a los ciudadanos?» (O’Bannon)

-«¿Y en qué contexto va a hacer eso un psicópata?» (Jakoby)

-«Aquí y ahora… Los Ángeles es la ciudad perfecta» (O’Bannon)

El guion sufrió posteriormente gran cantidad de modificaciones, pero lo importante era que, sin ser conscientes de ello, O’Bannon y Jakobi habían creado un género que acabaría haciendo las delicias de los chavales durante los años ochenta en medio mundo…

 

Sinopsis

Frank Murphy es un excéntrico y veterano piloto de helicópteros de la división ASTRO, integrada en el cuerpo de policía de Los Ángeles. Diagnosticado con síndrome de estrés postraumático tras su participación en la guerra de Vietnam, arrepentido de la reciente ruptura con su mujer Kate y obligado a aceptar a Richard Lymangood, un joven novato, como su nuevo asistente de vuelo, su vida empieza a complicarse más de lo normal…

Una noche, tras la enésima reprimenda del capitán Jack Braddock, jefe de la división ASTRO, Murphy y Lymangood son apartados del servicio regular e incorporados a un nuevo programa experimental. Al parecer, los federales han desarrollado un nuevo prototipo de helicóptero policial equipado con la ultimísima tecnología («El Trueno Azul») y pretenden realizar un vuelo de prueba sobre la ciudad de Los Ángeles con él. Ante la imposición por parte de las autoridades de la ciudad de realizar la prueba con pilotos locales, los federales se ven obligados a prescindir de su piloto oficial, el coronel Cochrane, y a poner el aparato en manos de Murphy y Lymangood.

Las cosas comienzan a ponerse peliagudas cuando Murphy descubre que Cochrane, casualmente antiguo compañero de escuadrón en Vietnam y auténtico psicópata, es el piloto oficial asignado a «El Trueno Azul», por lo que durante el vuelo de prueba comete la travesura de seguirle y utilizar el avanzado equipo de vigilancia del helicóptero para espiarle. Murphy y Lymangood quedan impactados al registrar una reunión clandestina de Cochrane con los federales en la que se intuye claramente que estos han estado fomentando la delincuencia para justificar a las autoridades la necesidad de disponer de «El Trueno Azul». Por si fuera poco, los federales también acuerdan deshacerse de las piedras en el zapato en las que se habían convertido Murphy y Lymangood…

En un ataque de ira, Murphy secuestra «El Trueno Azul» y hace llegar a Kate la cinta con la grabación que incrimina a Cochrane y a los federales, suplicándole que la entregue a una cadena de televisión para así destapar públicamente la conspiración. Mientras tanto, estos se encargan de presentar a Murphy ante la opinión pública como un loco peligroso que sobrevuela la ciudad de Los Ángeles con un helicóptero armado y logran convencer a autoridades, policía e incluso al ejército de la necesidad de derribarlo…

¿Conseguirá Frank Murphy mantenerse en el aire el tiempo suficiente para que Kate entregue la cinta?…

 

Buscando al director ideal

Una vez Columbia Pictures se hizo con los derechos del guion de O’Bannon y Jakobi, comenzó la búsqueda del director apropiado para la película… y desde producción tenían claro que este no habría de ser otro que John Badham.

Si tuviéramos que elegir una única palabra para definir a John Badham, probablemente esta sería elegancia. Tras una dilatada experiencia en televisión, Badham probó las mieles del éxito con Fiebre del sábado noche y esto le permitió reenfocar su carrera hacia el celuloide.

Cuando fue contactado, Badham se hallaba en Inglaterra ultimando su elegante (no podía ser de otra forma) versión de Drácula y tenía ya apalabrada Mi vida es mía, un desgarrador relato sobre la eutanasia. A pesar de todo, el interés de Bahdam por la tecnología y los problemas que esta plantea a la sociedad, elementos muy presentes en el guion, hicieron que aceptara gustoso pese a estar bastante sobrecargado de trabajo. Tanto fue así que la siguiente película en la que Badham se embarcó tras El Trueno Azul fue la visionaria Juegos de guerra, que bien merecería un análisis aparte…

Sin duda, Badham fue el máximo responsable de convertir un guion que perfectamente habría podido acabar siendo otra típica y hormonada película ochentera en todo un ejercicio de seriedad.

 

Dando vida al Trueno Azul

Resultaba evidente que, a pesar de contar con un reconocido actor como Roy Scheider, el verdadero protagonista de la cinta tenía que ser el helicóptero, por lo que Badham comprendió que había que sorprender al espectador con un vehículo que resultara espectacular. Pronto recibieron la primera en la frente cuando la FAA (Administración Federal de Aviación) les prohibió explícitamente la opción lógica de usar un helicóptero militar. Si querían filmar sobre Los Ángeles, tendrían que hacerlo con un helicóptero civil customizado.

Badham confiaba plenamente en el talento del excelente equipo que Columbia Pictures había logrado reclutar para el departamento de efectos visuales, y fue Philip Harrison, uno de estos asesores, el que sugirió a Badham utilizar un modelo francés, el Aérospatiale SA 341 Gazelle, como base para el Trueno Azul. Este helicóptero era tremendamente avanzado para su época y además tenía la ventaja de disponer de cinco plazas, con lo que podrían aprovechar el gran espacio del interior de la cabina para recargarlo de interruptores, lucecitas y computadoras. Parecía que avanzaban en la dirección correcta; sin embargo, a Badham no le impresionaba la parte delantera del aparato y mandó rehacer la cabina entera. Esto casi les costó abandonar la producción…

Comparación entre un Aérospatiale SA 341 Gazelle y el "Trueno Azul"
Comparación entre un Aérospatiale SA 341 Gazelle y el «Trueno Azul»

Nuevamente, la FAA hizo acto de presencia para informar al equipo de producción de que cualquier modificación realizada al Gazelle tendría que pasar por la misma y estricta homologación a la que eran sometidos todos los modelos de helicóptero. El equipo entró particularmente en pánico cuando descubrió que no disponían de tecnología suficiente para curvar la nueva cabina y cumplir a su vez con los tests de homologación. No quedaba otro remedio que moldear la cabina con tan sólo líneas rectas y aristas.

Una vez terminados el diseño y la homologación del vehículo, aparecieron nuevos problemas. Jim Gavin, piloto especialista encargado de pilotar el helicóptero durante la filmación, casi se va al suelo de boca durante el vuelo inaugural. Los aditamientos que habían añadido, particularmente la impresionante (y pesada) ametralladora Gatling montada en el morro, desequilibraron el aparato y lo volvieron ingobernable, por lo que optaron por colocar un contrapeso en la cola y ocultar el hecho a la FAA, no sin incluir una divertida referencia a esta anécdota en la propia película:

A este trasto le pesa la nariz más que al Ayatolah (Frank Murphy)

Finalmente, y tras encontrarse realizando diversas pruebas de cámara al helicóptero, Badham lo cazó al amanecer en un plano frontal con una lente telescópica de largo alcance. La silueta rectilínea y oscura proyectada por el sol a su espalda con forma de imponente insecto gigante que surcaba el cielo a toda velocidad hacia el espectador quedaría grabada por derecho propio en el imaginario de los ochenta. Badham sonrió… finalmente tenían al «Blue Thunder»…

El Trueno Azul
«No tiene aspecto normal, ni vuela de un modo normal… porque no es normal…» (Sargento Short, durante la escena de la presentación del Trueno Azul a las autoridades)

 

Un reparto de calidad

  • Roy Scheider es Frank Murphy. Sólido como una roca, nuevamente parece estar diciéndonos: «¡Eh! tiradme una piedra, que os devuelvo un Oscar».
  • Daniel Stern es Richard Lymangood, alias J.A.F.O (Just Another Fuckin’ Observer en inglés, o Jodido Advenedizo en Función de Observador en la versión española). Joven y fiel compañero de Murphy, su personaje resulta muy empático para el espectador. Comentar también que años más tarde pudimos ver a Stern interpretando a uno de los entrañables ladrones en «Sólo en casa».
  • Malcom McDowell encarna al coronel Cochrane, el clásico cabrón que desde el minuto uno está tratando de liarla. Como anécdota, podemos comentar que las caras desencajadas de psicópata de las que hace gala McDowell durante sus escenas de pilotaje fueron realmente debidas a su acérrimo miedo a volar, necesitando incluso tratamiento psicológico so pena de perder el papel.
  • Mención muy especial para Candy Clark como Kate. El personaje de la exmujer de Murphy dista mucho de los típicos estereotipos femeninos de los ochenta y se comporta como una auténtica heroína que no duda en enfrentarse sola a los federales para ayudar a Murphy. Incluso la propia Clark grabó muchas de sus escenas de acción al volante, como más tarde desvelaría Badham.

 

Banda sonora

Columbia Pictures encargó la banda sonora de la película a Arthur B. Rubinstein, un compositor minimalista bastante poco conocido. Badham se mostró enigmático y pidió a Rubinstein un tema principal que evocara al helicóptero en sí y a toda la tecnología que este desplegaba.

Para salvar la papeleta, Rubinstein decidió añadir al tema una pista extra de percusión utilizando sonidos de baja frecuencia reproducidos rítmicamente. Esto creaba un potente efecto que rápidamente proyectaba la imagen de un helicóptero en la cabeza del oyente.

El compositor remató la faena buscando una épica melodía de cuatro notas e interpretándolas con un metálico sonido de cuerda sintentizada (es digno de mencionar el curioso parecido de la estructura de la composición con el tema principal de Terminator, producido un año después). Decidió nombrar al tema «Murphy’s Law» («La ley de Murphy») y, cuando lo mostró a Badham, este quedó tan satisfecho que decidió volver a contar con Rubinstein para «Juegos de guerra»

«Murphy’s Law» de Arthur B. Rubinstein

 

El legado del Trueno Azul

Comencé este artículo dejando caer que «El Trueno Azul» fue en realidad pionero en un nuevo género que podríamos denominar «ostentación tecnológica»: una especie de doctrina procedente de la Guerra Fría y consistente en evaluar a los individuos (o colectivos) en función no sólo del capital que estos poseen, sino también de la espectacularidad de los artefactos tecnológicos en los que se lo gastan. Juzguen ustedes mismos: poco después de iniciarse la producción de «El Trueno Azul», el magnate Donald P. Bellisario, quizá «inspirado» por la idea, empezó a trabajar en el piloto de una serie que nos presentaría a un apuesto policía luchando contra el crimen con la ayuda de un coche fantástico… Digamos únicamente que la fórmula funcionó… Y no quedó ahí, ya que Bellisario tuvo a bien crear también su «helicóptero fantástico», otra exitosa serie lanzada en EE.UU. con el título de «Airwolf» («Helicóptero» a secas en España) y además gastó la mala uva de hacerla coincidir en antena junto a «El Trueno Azul. La serie de TV», a la que borró de un plumazo tras una única temporada. Sin duda a esto ayudaron bastante la espectacularidad de la primera y el pobre carisma del reparto de la última, al nivel del de un sartenazo en los morros, véase James Farentino (alias «Frank Murphy falso») y Dana Carvey (alias «Nerd guapo»).

El «lobo del aire»… el «otro» helicóptero estrella de los ochenta

Por último, y volviendo a nuestra película, ni que decir tiene que su estreno en 1983 cosechó grandes críticas y resultados en taquilla de forma global. Como ejemplo de ello, y a la vez de anécdota divertida, la desarrolladora japonesa de videojuegos SEGA se inspiró de forma descarada en «El Trueno Azul» para su saga «Thunder Blade»:

thunderBlade
«No, señor Badham, no hemos plagiado ningún fotograma de su película para la pantalla de carga… Puede usted comprobarlo en la carátula de la versión Megadrive»

 

Conclusiones

He aquí una película perteneciente a otra época distinta, y con mucho mimo y cariño invertidos en ella. Desde la redacción del guion, realizada por buenos conocedores de la ciencia ficción clásica, pasando por la exquisita dirección de Badham, las excelentes actuaciones del reparto, hasta los impresionantes efectos visuales o la épica banda sonora… todo está equilibrado en su justa medida. Tenemos acción, comedia, un toque de cine negro, los chascarrillos y la cacharrería ochentera, pilotos especialistas que se jugaban la vida en el rodaje (hoy en el paro)… e incluso algo de sexo. A pesar de todo, y como film de los ochenta que es, no recomiendo verla sin más pretensión que pasar un buen rato… algo que, si has conseguido leer hasta aquí, probablemente te proporcionará.

Ya te pillaré…

 

1 comentario

  1. Exhaustivo artículo, sin duda. Me encanta que el artículo nombre la labor del genial Dan O’Bannon, magnífico guionista(incluso de cómics) y director de la estupenda Return of the living dead!!!!

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*