Luis Mario (Cantabria, 1992) dejó atrás una carrera como creativo para marcas como Nike o Audi para lanzarse a los caminos y, finalmente, a las palabras. Tras recorrer campos de refugiados en Grecia y fundar bibliotecas en Camboya, se ha asentado en un pequeño pueblo de Cataluña para darnos uno de los libros más «extraordinarios, mágicos y vivos» de la narrativa actual: Calabobos. Tras contar con su presencia como cabeza de cartel en la Feria del Libro de Almería, conversamos con él sobre esta novela que no es solo una historia, sino una inmersión en una tierra encerrada en una gota de lluvia: Cantabria, donde la oralidad es un hacha y la memoria, una pleamar que cala hasta los huesos.
Un tapiz de hilos húmedos
La crítica destaca que en la novela el idioma es un vehículo de memoria y una herramienta de resistencia cultural.
— Has optado por una oralidad descarnada, utilizando un «cántabro tosco y fiero» que recupera giros, sonidos y términos como cagonsos, lumiagos o enánagos. ¿Cómo trabajaste el equilibrio para que este lenguaje actúe como una llovizna que empapa al lector sin llegar a expulsarlo de la historia por su exigencia inicial?
Luis Mario: Para ser honesto, en ningún momento me planteé el riesgo de poder expulsar al lector de la historia. Este hecho, que a priori puede parecer imprudente, se basa en un argumento literario que la escritora Júlia Peró promueve y que me ha inculcado: escribe como si no te fuera a leer nadie. Cree la escritora y creo yo que es la única manera de dar con algo tan honesto que, pese a que expulse al lector, también haga que este lector luche una y otra vez por entrar a lo que tanto rechazo le está causando.
— En la novela, el término «calabobos» no solo designa una llovizna fina, sino que define toda la atmósfera general del libro. ¿Hasta qué punto consideras que la lengua es capaz de recrear climas físicos, como esa humedad que parece calar los huesos de quien la habita?
Luis Mario: Desde que aprendemos a hablar, estamos constantemente traduciendo el mundo, intentándolo representar a través de las palabras, para tratar de comprenderlo. Supongo que escribir, en ocasiones, consiste simplemente en darse cuenta que la traducción puede darse también a la inversa.
Recuperación y cuidado del entorno rural
Hay algo muy particular en el hecho de escribir sobre Cantabria con la perspectiva que da la distancia, retratando un territorio que se resiste al cambio.
— Actualmente vives en un pueblito de Cataluña y anteriormente has viajado por todo el mundo, dejando incluso tu carrera en publicidad para escribir. ¿Cómo influye el hecho de vivir en un entorno rural hoy en día en tu forma de entender la inmensidad de los paisajes que describes, como esos montes abiertos por la extracción de piedra? ¿Es posible la puesta en valor de estos parajes desde un entorno urbano?
Luis Mario: En la escritura de Calabobos el único entorno rural en el que me basé fue el remanente en mi memoria, en toda la infancia y adolescencia que yo pasé viviendo en mi puebluco de Cantabria. Y creo que esa distancia temporal fue indispensable para plasmar estos paisajes y estos ambientes con la mayor objetividad posible. Una objetividad no exenta de poesía, por supuesto. Esas montañas partidas por la mitad debido a la explotación de las canteras podría haber generado una imagen terrible, una aberración del paisaje como la que en realidad es, pero si algo he aprendido con Calabobos es que lo terrible, lo violento, así como lo bello, no son más que subcategorías de lo poético.
— En Calabobos integras figuras mitológicas como los “ojáncanus” o las mujeres osa junto a la realidad de una aldea del norte. ¿Es la recuperación de estos relatos mitológicos afilados una forma de proteger y cuidar la identidad de unos espacios rurales que el mundo globalizado tiende a uniformar?
Luis Mario: En Cantabria, los ojáncanus y las mujeres osos se esconden todavía por las montañas. El problema es que se nos había olvidado. Recordarlo es una forma de volver a ser conscientes de nuestra naturaleza.
Historia de los cuidados
— Impartes un taller de escritura con tus vecinas en el pueblo donde resides. Frente al individualismo actual, ¿crees que la literatura puede funcionar como ese espacio compartido o ese banco que tus personajes cargan para reflexionar sobre la vida?
Luis Mario: Hace meses habría creído que sería ciertamente iluso responder afirmativamente a esta pregunta. Pero ahora no. Durante este último año, gracias a la novela, he podido conocer y charlar con mucha gente sobre sus pueblos, sus familias, sus experiencias. Esto no debería causarme mayor regocijo que el que supone que un grupo de personas hablen y compartan su tiempo. Pero si luego me paro a pensar en el tipo de sociedad en la que vivimos, entonces mi satisfacción es mucho mayor.
Creo que la sociedad capitalista en la que vivimos tiende a individualizarnos y enfrentarnos lxs unxs contra lxs otrxs para que pueda seguir explotándonos como lo hace. Y por tanto, creo que cualquier elemento que propicie una agrupación con un buen fin, cualquier artefacto que sirva de excusa para construir una sociedad colaborativa y que tienda hacia lo justo, es bienvenido. Aunque sea otro libro.
— La novela bebe de historias escuchadas a tus abuelos y presenta a una heroína, Mariuca, en medio de una historia familiar e iniciática. En un mundo descomprometido, ¿es la escritura una forma de «secarse» tras haber vivido empapado de recuerdos y deudas emocionales con los que nos precedieron?
Luis Mario: Creo que estar comprometido con las causas personales es mucho más sencillo que estarlo con causas ajenas. Y por tanto, es un buen principio, para toda historia, el basarte en casos personales para conseguir el empuje necesario para escribir. Lo bonito es cuando te das cuenta que muchas personas comparten esas mismas experiencias personales y que, por tanto, las causas ajenas no lo son nunca.
Cadencia de estornino
— La crítica define tu libro como un ejercicio de estilo donde la narración ocurre a través de imágenes, sonidos y texturas. ¿Qué tipo de música o qué ritmo vital te acompañó para conseguir esa cadencia propia que tiene el relato? ¿Hubo algún artista o álbum cuya atmósfera húmeda te ayudara a mantener el tono de la llovizna persistente? Además del petricor de la lluvia, ¿existe una suerte de “playlist” con la que acercarse a Calabobos?
Luis Mario: Durante el proceso, la canción que se repetía una y mil veces en mi ordenador era “La Pasá de Carmona”*, cantada por mi abuela Conchita. No era tanto la letra de la canción lo que me conmovía (que también), sino la nostalgia que me provocaba. Es una canción que siempre me cantó mi abuela, desde que era crío, y que me hacía conectar inconscientemente con recuerdos y vivencias del pasado que quería rescatar. Al mismo tiempo, siento que esta canción en concreto guarda mucha relación con las narraciones orales de cuentos o historias que yo quería plasmar.
*Puedes descargarla aquí.
— Pasaste de ser creativo publicitario para marcas globales como Nike o Audi a escribir una novela de oralidad descarnada y tosca. ¿Qué «placeres culpables» o referentes estéticos de tu etapa en publicidad — o posteriores — se colaron, quizás de forma inconsciente, en la estructura de Calabobos?
Luis Mario: En publicidad yo escribía para gente que no me quería leer (nadie quiere ver anuncios). Por lo tanto, cada palabra tenía que estar minuciosamente seleccionada para que el impacto fuera el mayor posible, para que la persona en cuestión no abandonara la lectura. De pronto, en la literatura, me encuentro con que la gente está dispuesta a leer. Y sin embargo, sigo seleccionando cada palabra de la misma forma, como si fueran a dejar de leer en la palabra siguiente.
El banco de las reflexiones
— ¿Prefieres trabajar con hambre o con sueño?
Luis Mario: Con hambre.
— ¿Cuál es el libro que más veces has regalado?
Luis Mario: Olor a hormiga, de Júlia Peró.
— ¿Mantra o cita literaria que te encanta pronunciar en la vida real?
Luis Mario: “He empezado a hacer de mí un ser literario, alguien que vive las cosas como si un día deberían escribirse” (Annie Ernaux).
— ¿Cuál es la idea del mundo literario contra la que siempre te has revelado?
Luis Mario: El punto y coma.
Epílogo: escupiendo salitre
Terminar de conversar con Luis Mario — y terminar de leer Calabobos — deja la sensación de haber sobrevivido a una tormenta en el Cantábrico. Nos quedamos con la certeza de que, aunque el mundo cambie, siempre habrá autores dispuestos a mojarse para que la memoria no se termine de secar.

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