«Quizá pertenezcamos a otra época y corte moral los intrépidos reporteros de Milkbar. Afirmo sin dudar que mi cabeza vive en lejanas y remotas tierras. Nuestro reino no es de este mundo y este cómic tampoco. Lupin pertenece a otra realidad, donde los noticiarios en blanco y negro retransmitían la llegada del hombre a La Luna, y donde el mejor James Bond era Roger Moore y no ese sosainas de Sean Connery. En definitiva, un lugar donde sólo la elegancia tiene cabida. Ahí es, sin duda, donde los sueños se convierten en realidad. Ya saben, música funky, mujeres fatales y Lupin huyendo en helicóptero de un ejército de políticamente correctos, y aburridos agentes de la ley».
«Lupin III o el robobo de la jojoya», Mr. T (Milkbar #2).
El próximo mes de noviembre se cumplen veinte años del comienzo de esta extraña e irregular aventura llamada Milkbar Fanzine. Veinte años de idas y venidas; de triunfos y fracasos; de – parafraseando a nuestro cimmerio favorito (y permítanme ponerme estupendo) – inmensos gozos y terribles melancolías. Con este breve texto no quisiera darle la matraca a usted, sufrido lector, sino tan solo hacer un pequeño homenaje a esa maravillosa gente que en algún momento ha formado parte de este proyecto, con sus artículos, sus comentarios, sus dibujos o su apoyo. Artículos que pueden gustar más o menos, pero le aseguro, esmerado lector, que todos han sido escritos con sudor, alcohol, pasión y honestidad, mucha honestidad. ¡Gracias indomables escribas y rapsodas de Milkbar Fanzine! Gracias por hacerlo posible. Esta será siempre vuestra casa. O vuestro bar, pero la birra tráiganla ustedes. Por mi parte, me limitaré a comentar brevemente la trayectoria de la revista y a robar citas de artículos ajenos y propios publicados en la edición impresa (lo que viene siendo rellenar texto siendo un vago irredento, en definitiva).

«Recordándonos a los Van Halen de la época de David Lee Roth, estos tíos son unos cachondos sin vergüenza alguna. Eso sí, con un gran sentido del humor. Lleno de clichés por todas partes, les va la juerga, la fiesta, las rubias despampanantes y los coches descapotables, y con esas buenas vibraciones que consiguen que los asociemos con esos tópicos rockeros y que nos contagien esas ganas de divertirse».
«Just Music: Danger Danger SCREW IT! (1991)», Chevy Trevor [artículo inédito].

Gracias al indomable equipo original: al afable Ian Malcom por su tremenda gestión y calidez humana. A Betius Ravassa por su beligerante manejo del lenguaje y su legendaria compostura (bendito bribón). Al gruñón Lipo the Tipo por sus labores de intérprete y pericia al mando con el Budokai Tenkaichi. Al coqueto Mr. T por sus pioneros y delirantes collages y su solitario corazón de mimbre. A Chevy Trevor por su tapping gramatical y su contagioso dinamismo. Al introspectivo Berto Ferré por explicarnos cómo se siente cuando el abismo te devuelve la mirada. A Bruce Potter por su defensa a ultranza de la música popular española. A Luisito (el Miguel de la Quadra Salcedo de nuestro tiempo), allá dónde esté, por su porte homérico, su alegría de vivir y su inconfundible voz cazallera. Y, por último, al casquivano Corey F. por su dominio de la mátrix y amor al Out Run.
«Esta obra que me dispongo a comentar es obra de Murata Hamori y ya os adelanto que no se trata de mi tío».
«Noritaka», Miki Mikhordak (Milkbar #1).
También queremos agradecer a los que continuaron el legado digital de la revista: a Caterina Chevalier por la valentía de ejercer como presentadora improvisada de nuestros directos, por su apoyo incondicional y por revelarnos los secretos lisérgicos e inmortales de las sociedades ancestrales. A Priscilla Reed por su desquiciante reivindicación de la California de los sesenta y los setenta. Al viejo e incorregible Ezechiel Pregzt por su vital labor de reportero musical en el extranjero y su sempiterno amor hacia el cantante de Avalanch. Al mismísimo DJ Saimush por su contagiosa pasión por el devore. Al venerable Torpiyo por compartir su inmensa sabiduría desde su atalaya. A Miki Mikhordak por su vivaz entrega. Al misterioso Pauvre Gaspard y su tremendo sombrero. Al despistado Dani Penya por su talento artístico y buena predisposición. A Patricia Amate por acercarnos a la cultura asiática antes de que el k-pop lo petara. A Simmons por guiarnos a través del mundo de la ciencia ficción (¿o es ficción científica?). Y al inolvidable Víctor Mora, por sus palabras de apoyo, su cariño y sus consejos. Y, por supuesto, a usted, estimado lector.
«El miedo instalado en la sociedad, entre las gentes que tienen algo que perder, además de su vida, funciona como un factor fundamental del control de las conductas por parte del poder establecido. Siempre hay una amenaza latente que se encarga de recordárnoslo en momentos interesadamente puntuales y por eso preferimos la seguridad a la libertad».
«Vadefilmes: La naranja mécanica», Torpiyo desde su atalaya (Milkbar #1).
Como pueden comprobar, la revista era un cajón desastre donde todo tenía cabida: cine, collages, cómic, devore, filosofía, literatura, memes antes de que nadie supiera de ellos, moda, música, videojuegos. Siempre abalado por los impresentables de nuestros editores.

«Y ahora me pregunto yo: si éste es Drácula, si este es el «padre» de los vampiros, ¿qué pinta el Drácula enamoradizo y jugetón de la versión cinematográfica del señor Coppola? ¿Qué vampiro mordió un bote de Channel para que surgieran vampiros paliduchos y de escaparate como Brad Pitt y Tom Cruise? Estos nuevos descendientes del mito han involucionado a un sentimiento de culpabilidad y una humanización apta para todos los públicos. ¡Sí, hasta en Barrio Sésamo había un Conde!».
«El auténtico Drácula», Lipo The Tipo (Milkbar #2).

Podría decirse que hay tres momentos o periodos clave en nuestra errática pero entusiasta andadura. El período 2004 – 2009 comprende los primeros años de formación, muestra de la inexperiencia pero vehemencia del equipo original. También fue el tiempo de las presentaciones físicas en salones y jornadas del cómic, de la publicación en papel de la revista, de los despendolados y gamberros artículos escritos con la insensatez de la juventud, de braimstormings etílicos y de los inevitables retrasos, fruto de los cruces de caminos propios de esos visoños tiempos, o del propio discurrir de la vida, que transita caminos inescrutables.

«Sé que os puede dar pereza poneros a escuchar este disco o cualquiera a los que hago una crítica-homenaje, pero si lo hago es porque de verdad creo que merecen ser escuchados. Pido que le deis una oportunidad a Don Manuel y que dejéis que os sorprenda».
«Just music: Manolo Escobar, Coraje (1983)», Bruce Potter (Milkbar #0).
De los años de exilio, de aprendizaje, de puro gambiteo nocturno, de noches lluviosas y alcobas vacías (2010 – 2018), al fértil período 2019-2024. La segunda época de la revista, con savia nueva, formato digital, reporteros en el extranjero (financiados por nuestro mecenas, el mismísimo Frank Zoyo), una trágica pandemia de por medio, gozosas tómbolas vía Instagram, y el mismo entusiasmo y ambición. Ojo, aquí hemos venido por las risas. De aquello, llegamos a la época actual: el loco y distópico presente que la humanidad está viviendo. Reza el proverbio chino: «ojalá vivas tiempos interesantes». Sospecho que nos estamos pasando el juego, pero aún queda tiempo para una ronda más. En la web vienen cambios, novedades y sorpresas. Esperamos que os guste la propuesta tanto como a nuestro webmaster la subida de sueldo.

¿Sienten curiosidad? ¿Les corroe las asaduras?¿Les azuza los higadillos? Está bien, se la saciaré. Háganse de cuartilla y lapicero, tomen nota. Ingredientes del ruso blanco: hielo, una parte de vodka, una de licor café y dos de leche (Milkbar). Si le echan el arrojo necesario para paladearlo, comprobaran que sabe a mil demonios, aunque no podrán evitar sentirse por unos momentos como El nota y exclamar «cuidado tío, ¡que llevo una bebida!.
«Vadefilmes: The Big Lebowski (1988)», Betius Ravassa (Milkbar #2).

Retomando el motivo de esta entrada y para celebrar tan distinguida onomástica, hemos tenido a bien recuperar un artículo de aquellos primigenios y vigorosos años. Si para el decimoquinto aniversario resucitamos textos del primer número, en esta ocasión hemos recurrido a la Biblioteca de Lucien para recuperar un alegre y juvenil documento sobre esa obra maestra del clic-and-point titulada Maniac Mansion. La elección no es fruto del azar, sólo es una muestra de que Milkbar Fanzine siempre ha estado a la vanguardia. En aquella conmemoración rescatamos un artículo que reivindicaba (diez años antes del impostado revival) a los Masters de Universo, subrayando su increíble influencia en la cultura popular y la riqueza de su colorida mitología; para este aniversario hacemos lo propio con el mundo del videojuego retro (de rabiosa actualidad y en su cumbre especuladora). El mes que viene tendrán a su disposición un texto que fue maquetado pero nunca llevado a imprenta por culpa del prematuro cierre de la revista impresa (casualmente coincidió con la huida de nuestro contable a Andorra). Un brillante texto del inefable Corey F., el único redactor de Milkbar que tiene doble espíritu Goonie: Bocazas de corazón, pero Data de profesión.
«Recuerda, si eres de los que a veces te descubres tarareando a escondidas «Bailar pegados«, de Sergio Dalma, con una sonrisa pícara en los labios, o si guardas con cariño en tu retina la primera vez que Hulk Hogan rompió su camiseta en televisión: enhorabuena. Esta es tu revista y nuestro delicioso panfleto estará en la cabecera de tus sueños. Si no, tan solo déjate llevar en esta tu revista, esta nuestra infame criatura: el moderno Prometeo».
«Doraemon: ese felino bastardo», Roy Earle (Milkbar #1).

Y como no hay nada mejor para un artículo que acabar con una cita memorable que te haga parecer más inteligente, invoco a nuestro viejo líder Ian Malcolm:
Bienvenidos a Milkbar Fanzine Online, hay barra libre.


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