El regreso a la Mansión de la Locura
Me gustaría que se volviera a lanzar Maniac Mansion como se hizo en su momento con los Monkey Island. A menudo pienso que sería divertido trabajar sobre él y corregir todos los problemas que tenía y contar con una estructura para los rompecabezas más similar a lo que hicimos con Monkey Island. Sin embargo otras veces pienso, ¿de verdad me gustaría hacerlo? Quizá el juego necesita tener de esos fallos. ¿No es algo parecido a lo que hizo George Lucas cuando volvió y corrigió todos los problemas con Star Wars? Quizá necesitemos que el juego sea lo que era entonces
Ron Gilbert confiesa que le encantaría una nueva versión de Maniac Mansion
MANIAC MANSION, by Corey F. (2006)
He tenido a bien comentar este clasicazo por los buenos ratos que me hizo pasar hace ya unos cuantos añitos, sobre todo teniendo en cuenta que, para muchos de nosotros, este título representó el descubrimiento de un género nuevo y apasionante: la aventura gráfica. Los que jugábamos con el ordenador estábamos acostumbrados a juegos de acción, deportes, navecitas y cosas por el estilo; es decir, a juegos en los que no pulsar la tecla correcta a tiempo te fastidiaba la partida. Sin embargo, en las aventuras gráficas, ¡se usaba el ratón! Podías pinchar en la escena, en los personajes, en los objetos, y con las palabritas que salían debajo ibas diciéndole a tu personaje lo que tenía que hacer… Había que pensar: «¿qué hago con este objeto?”. «¿Cómo me puede ayudar el tío este?”. En cierto modo, te sentías como el personaje y, además, los juegos tenían dibujitos muy bonitos. ¡Una pasada! Las aventuras gráficas fueron en verdad una evolución de las aventuras conversacionales, que se popularizaron a mediados de los 80. La diferencia es que en las aventuras conversacionales no había ni animaciones ni ná de ná, solo un dibujo con un texto debajo, y las órdenes se las dabas al personaje escribiéndolas directamente: «coger linterna», «ir Norte”. Acababas con un complejo de indio apache tremendo. Estos eran juegos con un componente friki bastante gordo; por ejemplo, siempre salía un laberinto en el juego (tenía gracia porque en las instrucciones ponía: «si quieres salir del laberinto, hazte un mapa») y una linterna o un candil que se apagaba. Probablemente la peña que se hace polvo jugando a World Of Warcraft hubiera sido adicta a estos juegos por aquella época. Afortunadamente, los ordenadores evolucionaron y los juegos también, aunque todavía hay pillaos de la cabeza jugando a estas mierdas en modo texto por ahí.

Después de esta introducción tipo nerd, pasemos a hablar del juego en cuestión: Maniac Mansion. Salió en formato PC en el año 1988, aunque lo hizo ya el año anterior en Commodore 64, y, como siempre, en España, otro añito después. ¡Demonios! Hasta la consola Nintendo tuvo una versión de este juego (una auténtica basura censurada por todas partes donde hasta quitaron una estatua que salía desnuda). El juego fue producido por la compañía estadounidense Lucasfilm Games (filial de la productora de George Lucas; actualmente, Lucasarts) y fue diseñado por Ron Gilbert y Gary Winnick, que se convirtieron a raíz de esto en estrellas mundiales del videojuego, lo que da una ligera idea de la repercusión del mismo. Hubo incluso una serie de televisión inspirada en el juego, una mierda asquerosa sin pies ni cabeza, que además no tenía nada que ver con la obra maestra de Lucasfilm. La trama del juego quizá no está a la altura de lo esperado: el doctor Fred rapta a tu novia del instituto y se la lleva a su laboratorio secreto oculto en algún lugar de su tenebrosa mansión. Reclutas a dos amigos tuyos, a elegir de un total de seis, y marcháis a rescatarla. Luego descubres que, en verdad, el tal Dr. Fred es un tío normal que está sometido al control mental de un meteorito alienígena que cayó diez años antes. Vamos, un rollo ciencia ficción serie B, pero que molaba un puñao.

Muchos de vosotros, los que aun seguís leyendo, os preguntareis qué narices hago comentando aquí semejante mierda de juego. Resulta complicado explicarlo si no tuvisteis la oportunidad de jugarlo en aquella época. Es algo parecido a lo que pasa la primera vez que ves The Rocky Horror Picture Show. En primer lugar, el hecho de elegir el grupo de personajes protagonistas, cada uno con una habilidad particular, ya le daba un toque bastante curioso al asunto (incluso dependiendo de la pareja elegida se podía terminar el juego por caminos distintos). El elenco de personajes incluían: al empollón, a la escritora, a la cantante punk, al músico new wave, al surfero y al fotógrafo (de este último comentan las lenguas frikis que fue el primer personaje negro protagonista de un videojuego). Luego, a partir de aquí, el juego te sumerge en un ambiente muy extraño: una mezcla explosiva de terror y humor, y es precisamente esta mezcla la que hace que no sepas exactamente qué narices va a pasar en cada momento. Imagínate explorando una enorme casa de locos con forma de mansión de estilo victoriano en la que viven un científico loco, su esposa, una enfermera, feísima y cachondona, y el hijo, un flipao paramilitar obsesionado con su hámster. Todo ello sin contar con los dos tentáculos mutantes, y el tío, que para no desvelar demasiado el secreto, sólo diré que vive escondido en el piso de arriba.
Uno de los momentos míticos para todos los fanáticos de este juego ocurría cuando entrábamos en la casa por primera vez (gracias a esa costumbre americana de poner la llave bajo el felpudo de la puerta). Lo primero que veías y oías (todo un lujo en aquella época) era un reloj antiguo que te metía en el ambiente. Acto seguido, abrías la puerta de la cocina, empezabas a comprender que aquello era un auténtico manicomio al ver las manchas de sangre por doquier y te pegabas el susto del siglo cuando te pillaba la vieja y te metía en el calabozo de la casa. Como curiosidad, este juego es de los pocos de Lucasarts en los que podías morir. De hecho, existían un buen puñado de formas de cascar, algunas muy bien escondidas. La más mítica era la de robarle el hámster al hijo, reventárselo en el microondas, para luego devolverle los restos, con lo que acababas enterrado en el jardín.

El juego tuvo una secuela, “Maniac Mansión 2: el día del tentáculo”, que salió a mediados de 1993 y que es tanto o más recomendable que el original. Técnicamente, era mucho más avanzando, ya que cambiaba el estilo de la animación por el de los cartoons americanos y disponía de una banda sonora propia. De los personajes del original solo aparecían Bernard, el empollón, y la familia del Dr. Fred, pero la trama era bastante más amena: el tentáculo morado sufre una mutación genética al beber agua contaminada de una charca y se vuelve mucho más inteligente, con lo que se convierte el amo del mundo. La única solución para detenerlo es viajar al pasado con la máquina del tiempo del Dr. Fred e impedirlo. El juego, además, llevaba una sorpresita incorporada: si examinabas el ordenador del cuarto del hijo de Fred, podías jugar al Maniac Mansion original. Un buen puñado de frikis compró este juego sólo por ese detalle, pero merecía la pena.
Bueno, tampoco quiero extenderme mucho más. Tan sólo recomendaros que juguéis a este Maniac Mansion si nunca antes lo habíais hecho. Puede que el juego os resulte un poco aburrido comparado con los actuales, pero en el momento en que consigáis abstraeros de eso, sólo entonces seréis conscientes de que tenéis un clásico en vuestras manos: un juego pionero al que el mercado actual debe mucho. Si no sabéis dónde conseguirlo, intentad buscar en Internet “Maniac Mansion Deluxe”, un remake gratuito realizado por un grupo de aficionados que, parece ser, contó con la aprobación de Lucasarts (no ocurrió como con aquel pobre estudiante que publicó un trabajo exhaustivo sobre Bob Dylan con la idea de enviar un ejemplar a Dylan pidiendo su opinión para luego acabar demandado y, posteriormente, entre rejas por no tener recursos económicos). Maniac Mansion Deluxe tiene mejores gráficos, música e interfaz que el original, pero sigue siendo muy fiel al mismo, por lo que al ser gratuito es obligatoria su descarga. Ahora, ya sin excusas, me despido. Salud y … ¡A haceros polvo!

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