¿Qué fue de las óperas rock?

La música, como arte y producto de consumo que es, resulta sensible a las modas. Lo que hoy puede ser un hit en las pistas de baile puede estar ya pasado de moda al día siguiente. Aquello que lo petaba en los 80 suena cursi a oídos de los quinceañeros de hoy día. Géneros como el ska o el break beat disfrutaron de un boom en los 90, para después pasar un poco al olvido. ¿Y quién no recuerda el azote del nu metal a finales del siglo pasado?

Algunos, sin embargo, podrían discrepar de estas afirmaciones. Tal vez fueran así sus réplicas:

  • “¿Y qué pasa con los clásicos atemporales, esas canciones o bandas fundamentales para la historia de la música contemporánea? Eso le gusta a todo el mundo y siguen poniendo sus canciones en Rock o Kiss FM…”
  • “El reggaeton no ha pasado de moda”.
  • “A mí me mola el indie de toda la vida”.

El reggeaton no ha pasado de moda, por desgracia o suerte para algunos. Pero sí es verdad que, según la época, habrá ciertos géneros, estilos, subestilos o tendencias que marcarán el camino de lo actual, que dominarán las listas de las diferentes emisoras de música comercial, o que nacerán desde el underground y llegarán a un público más amplio durante un periodo concreto.

El caso es que cierto día en casa ojeando mi discografía personal me topé con el álbum ‘Nikolo Kotzev’s Nostradamus’, me acordé del gran disco que era y entonces pensé: “Ya no se hacen discos como estos”.

La publicación de esta obra coincide en el tiempo precisamente con otras similares durante esos primeros años de la década del 2000. Por entonces hubo una tendencia en el mundo del rock y el metal que duró unos pocos años, un momento prolífico en el que aparecieron varios álbumes que, por su concepto, podríamos llamar óperas rock. Es destacable que este tipo de discos se publicaran durante ese periodo, ya que ni anterior ni posteriormente se ha vuelto a repetir una coincidencia en el tiempo de obras musicales semejantes.

Un momento. ¿Qué es realmente una ópera rock? Pues un álbum de música rock con canciones que cuentan una historia normalmente de forma lineal y esta es cantada o contada generalmente por más de un personaje.

Habrá quien piense pues que óperas rock ha habido muchas y sigue habiéndolas. Desde Ziggy Stardust  (1972), de David Bowie o The Wall (1979), de Pink Floyd, en cuanto a rock, a Operation Mindcrime (1988) de Queensrÿche o The Crimson Idol (1992) de W.A.S.P., ejemplos de metal, hasta American Idiot (2004) de Green Day, de punk-rock, por citar algunos.

Y es justo aquí donde habría que hacer una distinción: no es lo mismo una ópera rock que un álbum conceptual. Esos álbumes no deben considerarse óperas rock, sino álbumes conceptuales.

¿Cuáles serían, entonces, las diferencias? Veamos primero cuál fue la considerada primera ópera rock que tuvo éxito, Tommy (1969) de The Who, uno de los discos más importantes de la música rock.

Compuesta casi enteramente por el guitarrista Pete Townsend, en ella se cuenta la historia de Tommy, un chico sordo, mudo y ciego, y las vicisitudes a las que se enfrenta en su vida. Las canciones siguen una narrativa lineal completa, y en algunas encontramos diálogos entre personajes.

Ahí radica la primera diferencia con los álbumes conceptuales. Estos no tienen porqué seguir un orden lineal o contar una historia. En un álbum conceptual las canciones hablan o giran en torno a la misma temática, sea el amor (cualquier disco de Michael Bolton), la guerra (cualquiera de Sabaton) o la fiesta y las drogas (cualquiera de Mötley Crüe).

En Tommy los diferentes personajes son interpretados por diferentes miembros de la banda, si bien en esas canciones más de un personaje es interpretado por la misma voz principal en esa misma canción, utilizando el cantante correspondiente diferentes tonos de voz para ello.

No es por ponernos tiquismiquis, pero la gran mayoría de obras consideradas óperas rock no siguen estas pautas. Los diferentes personajes de la historia son interpretados por la misma voz o cantante, como es el caso de The Crimson Idol de W.A.S.P.

De este modo, tendría más sentido llamar a una ópera rock a una obra en la que participaran varios cantantes e intérpretes, cada uno con su personaje correspondiente, al igual que en las óperas clásicas. Esto sí ocurre con las óperas rock a las que nos referimos en este artículo.  Cada personaje es interpretado por un cantante específico.

Fotograma de la película de Tommy (1975) con Roger Daltrey (The Who)

Tommy llegó a representarse en directo unas cuantas veces, incluso tiene una versión cinematográfica (1975) con una participación memorable de Elton John cantando Pinball Wizard. La representación en directo, en todo caso, no es requisito indispensable para considerar un álbum una ópera rock.

También sería más adecuado que tuviera elementos reconocibles en una ópera clásica o convencional: partes instrumentales y de orquesta, división en actos, interludios o grandes coros, por ejemplo. En Nostradamus encontramos una obertura instrumental sinfónica, coros que representan al pueblo, división en actos y bastantes temas con orquesta.

Otra característica de las óperas clásicas es que fueron concebidas por la sola figura del compositor. En el caso de los álbumes conceptuales no es así. Muchos son obras compuestas por bandas de rock, y el nombre del álbum se asocia al de la banda. Las óperas rock de las que hablamos fueron compuestas en su gran mayoría por un solo artista.

En este caso debería tenerse en cuenta que componer una ópera clásica siempre se ha considerado como una empresa difícil por su complejidad y su tamaño, un acto individual de creación que requiere su tiempo, algo así como el máximum de la composición musical.

Después de toda esta reflexión, y no por crear controversia, es necesaria una corrección en cuanto a la definición de ópera rock y álbum conceptual: una ópera rock es un álbum conceptual, pero un álbum conceptual no es una ópera rock. Que quede claro.

Y a lo que vamos, ¿de qué álbumes estamos hablando? Dado que un análisis detallado puede llevarnos todo el día, nos centraremos en lo más importante. He aquí las 5 óperas rock más recomendables que se dieron durante este periodo de principios del 2000:


Tobias Sammet’s Avantasia: The Metal Opera (2001):

Quizás la obra que impulsó esta moda pasajera, compuesta por el cantante del grupo alemán de power metal Edguy. Cuenta con grandes del género como Michael Kiske (Helloween) o Kai Hansen (Gamma Ray), miembros de esas bandas y otras del estilo. Es una historia de fantasía y un álbum excelente dentro del metal alemán. Tiene una segunda parte que se publicó dos años después.

Tobias Sammet ha continuado con el proyecto y el nombre de Avantasia todos estos años sacando discos con regularidad con la misma banda,  contando con vocalistas de alto nivel dentro del mundillo metalero y haciendo giras.

Nikolo Kotzev’s Nostradamus (2001):

Nikolo Kotzev es un músico búlgaro conocido por su banda Brazen Abbot. Guitarrista, violinista y compositor con formación clásica, contó con un elenco de vocalistas de lujo como Glenn Hughes (Deep Purple), Joe Lynn Turner (Rainbow) o Jorn Lande (Masterplan) y la banda estaba formada por miembros de Europe.  Trata sobre la vida y las visiones del famoso profeta del siglo XVI.

Rock duro de la vieja escuela, pasajes instrumentales brillantes, grandes interpretaciones. Tiene todo para considerarla una obra maestra.

Beethoven’s Last Night (2000), de Trans-Siberian Orchestra

Proyecto formado por miembros de la banda de heavy metal neoyorquina Savatage, publicó este curioso álbum sobre la última noche en la vida de Beethoven, y la visita del diablo reclamando su alma. Rock sinfónico (nunca mejor dicho) y toques de metal, posiblemente la más operística de todas, cercana al musical en ciertos momentos (puede recordar a Meat Loaf), ya que utilizan piezas conocidas de la obra del compositor alemán para integrarlas perfectamente en el conjunto y donde el piano es protagonista. Un álbum interesante.

Genius: a Rock Opera (2002), de Daniele Liverani

Daniele Liverani es un multinstrumentista virtuoso italiano que en este proyecto se valió de gente como Mark Boals (Yngwie Malmsteen), y representantes del rock progresivo clásico como John Wetton (Asia) o Steve Walsh (Kansas) para crear una obra muy teatral en cuanto a las interpretaciones, musicalmente bastante diversa y de gran calidad: hard rock, AOR, metal y prog. Una historia sobre el mundo de los sueños y dimensiones paralelas.  El proyecto es realmente una trilogía que terminó de publicar años después.

 

Ayreon: The Human Equation (2004), de Arjen Anthony Lucassen

El holandés Arjen Lucassen es la mente detrás de Ayreon, (junto con Avantasia el único que ha continuado hasta hoy día y representa sus obras en directo) un universo de ciencia ficción contado siempre desde el prisma del metal progresivo.

En este doble álbum, el más alabado de los llamados Ayreon, aparecen monstruos del género como James LaBrie (Dream Theater) o Devin Townsend. Trata sobre un hombre que se encuentra en coma y cada canción representa un día diferente en su lucha para volver a la vida. Para fans del metal progresivo, resulta algo denso (llega a las casi 2 horas) pero es un disco muy completo y tiene grandes momentos. Lucassen tiene previsto lanzar en otoño de este año otro álbum de Ayreon acompañado de ¡una novela gráfica!


Las óperas rock dejaron de ser tendencia (si es que realmente la hubo, llamémoslo así) quizás por la dificultad de su concepción, el trabajo mastodóntico de composición, arreglos, letras, etc.

Tal vez los astros se alinearon y nos regalaron el resultado de una inaudita inspiración forjada por mentes musicales brillantes que coincidió en el tiempo de forma aleatoria. O puede ser que el mundo ya no necesite más óperas rock, porque la música casi no se concibe igual que antes. La cultura del consumo ha provocado que apenas se escuchen discos completos y mucho menos tan largos. Se busca la inmediatez, lo simple e instantáneo, y a lo mejor eso no te lo da una ópera rock.

Sin embargo, aquellos que aún siguen comprando música, esos que disfrutan abriendo un CD o vinilo, leyendo (¡y oliendo!) el libreto, sorprendiéndose con las ilustraciones, se sumergirán en cada historia y cada acorde de esas óperas rock como si de obras irrepetibles se tratase.

Yo lo tengo claro: ¡más óperas rock por favor!

1 comentario

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*