1990. Año prolífico y determinante para el metal

Treinta años se cumplen de la publicación de un buen puñado de discos metaleros. En Milkbar queremos recordar algunos de ellos. Con ese objetivo haremos una pequeña descripción de cada uno, centrándonos en el subgénero thrash y aclaramos esto de antemano, básicamente para que no arrecien críticas despiadadas y nada constructivas, por no rememorar auténticas obras maestras del metal y del hard rock que también cumplen tres décadas, como Painkiller de Judas Priest, Razors Edge de AC-DC, Harmony Corruption de Napalm Death o Tales from the Twilight World de Blind Guardian.

Una de las razones por las que ponemos el foco en el thrash metal, es porque 1990 fue el último año en el que vieron la luz álbumes de este estilo, al menos en un sentido ortodoxo, pues a partir de entonces se seguirán publicando obras de un thrash más endurecido en algunos casos o mezclado con otros estilos en otros casos. Naturalmente, podemos encontrar alguna excepción y hallar algún disco con el sonido típico “ochentero” más allá del 90, como Horrorscope de Overkill (1991) o Divine Intervention de Slayer (1994), pero viéndolo con perspectiva, para la mayoría de los aficionados al thrash se percibe meridianamente el cambio de década como el ocaso de esta variante acelerada, agresiva y “apunkarrada” del heavy metal.

El origen de su declive se le achacó de forma abrumadora a la irrupción del grunge. En cambio, Gene Hoglan, baterista de Dark Angel, Death y actualmente de Testament, afirmó no hace mucho, en una entrevista, que el verdadero responsable de la caída del thrash fue el death metal. Ambas hipótesis son plausibles y complementarias. En los 80, se engendró, ganó popularidad y vivió su apogeo. Sin embargo, las modas influyen, también fuera de la escena mainstream, y si el punk había sido dominante en el underground musical, desbancando el protoheavy metal de Black Sabbath, Led Zeppelin, etc, a finales de los 70; de la misma manera podríamos aseverar que el grunge tomó el testigo del thrash como género underground dominante. Ciertamente ese desbancamiento no significa una aniquilación. El punk no acabó con el heavy metal, que resurgió con la NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal). Del mismo modo, el grunge no redujo a cenizas, sino que sustituyó el thrash, que evolucionó al death y al groove metal.

Hecha esta introducción, procedamos a reseñar escuetamente algunos de los últimos grandes álbumes del thrash metal clásico:

Death Angel: Act III

Esta banda californiana publicaba en 1990 su tercer álbum, quizá el más aclamado de toda su discografía por los fans, motivo por el cual no podíamos olvidarnos de él en este artículo. Personalmente prefiero el primer LP Ultra-Violence (1987), pero sobre gustos no hay nada escrito.

Act III tiene una duración de 45 minutos, incluye dos baladas (‘Veil of Deception’ y ‘A Room with a View’) y un tema curioso por sus toques funk (‘Stagnant’). Siendo un gran disco en su conjunto, quizá sobresalga sobre el resto el primer corte ‘Seemingly Endless Time’, único tema de esta obra que nunca falta en sus setlists.

Poco después de la publicación de este álbum, la banda sufrió un accidente de autobús que dejó en el dique seco su trayectoria. No se reunirían hasta el 2001 y su siguiente disco se publicó en 2004 (The Art of Dying).

 

 

Slayer: Seasons in the Abyss

Uno del “Big Four”, ese concepto tan manido creado por la prensa para referirse a los cuatro grupos más grandes (básicamente por el número de ventas) del thrash metal americano y mundial (Metallica, Slayer, Anthrax y Megadeth). De los cuatro, si Slayer destaca en algún aspecto sobre los demás, claramente es en agresividad. Es el más duro y el que más ha influido en bandas de metal extremo (death, black, grindcore…). Además se puede afirmar que es el único de los cuatro que se mantuvo fiel al estilo hasta el final.

Seasons in the Abyss es su quinto álbum de estudio. Si vd lee u oye hablar de Slayer seguramente escuchará que Reign in Blood (1986) es su mejor disco. En cambio, si habla con cualquier fan de la banda, muy probablemente observará el enorme esfuerzo que le supone decantarse por uno de los dos discos.

Se retiraron hace justo un año y en sus setlists era habitual que se incluyeran hasta cinco de los diez temas que forman Seasons in the Abyss (‘War Ensemble’, ‘Dead Skin Mask’ y la que da título al álbum nunca faltaban). Disco muy potente y acelerado, más que su antecesor (South of Heaven de 1988) pero algo menos que Reign in Blood. No hay ni una sola canción que desentone o que se pueda considerar más floja que el resto. Hoy día recomendaría a nuestros lectores ‘Spirit in Black’ y ‘Hallowed Point’, pero quizá dentro de un mes sienta predilección por otros temas. Es lo que suele suceder cuando nos topamos con un disco redondo y sin desperdicio alguno.

 

 

Annihilator: Never Neverland

Tras su debut en 1989 con Alice in Hell, publicaron al año siguiente el que para algunos (entre los que un servidor se incluye) es su mejor obra. Es una banda muy técnica, gracias en gran medida a la enorme habilidad como guitarrista de su líder y fundador Jeff Waters. Con sus dos primeras obras consiguió llamar la atención de Dave Mustaine, quien le ofreció unirse a Megadeth.

Es el único LP con Coburn Pharr como cantante y, justo en estas fechas, deberían estar por nuestra tierra de gira y celebrando el trigésimo aniversario de Never Neverland, tocándolo íntegramente y con la formación que lo grabó. Al menos, eso nos prometió el señor Waters a los que fuimos a verlos en concierto el año pasado. ¡¡Yo te maldigo, Covid!!

Personalmente, destacaría el primer corte ‘The Fun Palace’, el cuarto ‘Stonewall’ (del cual grabaron un videoclip) y el octavo ‘Phantasmagoria’, aunque estimo sin temor a repetirme como el ajo, que es una obra sin temas de relleno, por lo que podríamos ensalzar cualquier otra canción.

Hoy en día Annihilator siguen en activo, grabando material thrash (después de algún disco en el que levantaron el pie del acelerador) y saliendo de gira cuando los hados los permiten.

 

 

Megadeth: Rust in Peace

He aquí otro representante del “Big Four”. Si de Slayer dijimos que era el más duro y feroz de los cuatro, de Megadeth es incuestionable que se trata de la banda más técnica, sobre todo, por el álbum que recordamos en este artículo. Ha habido quien ha etiquetado esta obra como thrash metal progresivo.

El pasado 24 de septiembre cumplió treinta años el cuarto LP de Megadeth, Rust in Peace. Raro es el ranking de mejores, favoritos o más influyentes discos de metal donde no aparezca esta obra.

Si a Dave Mustaine lo invitaron a marcharse de Metallica no fue ni mucho menos por su falta de destreza. Está considerado uno de los mejores guitarristas del metal en general y siempre ha sabido rodearse de grandes músicos. De hecho, para grabar Rust in Peace intentó reclutar a Dimebag Darrell (Pantera) y, como dijimos más arriba, a Jeff Waters. Ante la negativa de estos dos, acabó integrando en su banda a otro virtuoso de la guitarra, Marty Friedman.

En este LP no encontramos ni un momento (salvo ‘Dawn Patrol’ que es más bien una especie de interludio) en el que los componentes no hagan gala de su pericia con sus respectivos instrumentos. Los temas más destacados y que no fallan en sus conciertos son ‘Holy Wars… the Punishment due’, ‘Hangar 18’ (cuasiinstrumental y con un intercambio de once solos entre Friedman y Mustaine) y ‘Tornado of Souls’ (con un solo de un minuto exacto ejecutado por Friedman que pone la piel de gallina). Además, de ‘Take no Prisoners’ habría que señalar que es el tema más duro. ‘Five Magics’ y ‘Rust in Peace… Polaris’ son técnicos, intensos y con increíbles cambios de ritmo. ‘Poison was the Cure” es un tema sui géneris por su brevedad y su ritmo que lo hacen distinto al resto. Por último está ‘Lucretia’, una auténtica joya que quizá quede algo eclipsada por ser la que precede a la enorme ‘Tornado of Souls’, pero que tiene un ritmo pegadizo y cuyos solos de Friedman y Mustaine (más de un minuto entre ambos) son sencillamente alucinantes.

Este fue el primer disco de thrash que escuché y el primero que adquirí en cd. De eso hace más de veinte años y oiga usted, no me canso de escucharlo. Es más, cada vez lo gozo y lo flipo más con esta obra de arte. Quizá no lo recomendaría de primeras para adentrarse en este estilo, pero una vez metidos en materia, lo declararía un must listen.

 

 

Testament: Souls of Black

Otra más de tantas bandas de thrash de la Bay Area. Comenzó llamándose Legacy y teniendo a Steve ‘Zetro’ Souza (Exodus) como vocalista. Se formó en 1982 pero, entre decidir lo que querían ser de mayor y algunos contratiempos como la huida de algunos miembros o la obligación de cambiar de nombre, no grabaron su primer LP hasta 1987. Pasó a llamarse Testament pero titularon The Legacy su opera prima.

A razón de disco por año, en este 2020 nos toca celebrar los treinta años de su cuarto LP Souls of Black. El último con un sonido thrash clásico, pues en 1992 vería la luz The Ritual su álbum más comercial, muy del estilo del negro de Metallica o el Countdown to Extinction de Megadeth y, a partir de Low (1994), su música se volvería más agresiva practicando un thrash-death.

Hay quien considera este álbum como el mejor de Testament. Son opiniones y la del que escribe es radicalmente contraria. Al menos de sus cuatro primeras obras, me parece la más floja, más por mérito de las tres antecesoras que por demérito de esta que nos ocupa. ‘Face in the sky’, ‘Souls of Black’ (la única que suelen tocar en directo) y ‘The Legacy’ (balada) son los temas más aclamados por los fans. En general me parece un gran álbum y destacaría también canciones como ‘Absence of Light’ o ‘Malpractice’.

 

 

Anthrax: Persistence of Time

También integrantes del mediático “Big Four”. Se les podría distinguir de los otros tres por proceder de la costa Este (Nueva York) y no de la Bay Area, o por el hecho de ser los más desenfadados y cachondos. No se encorsetaban en el rol de “malotes”, ni necesitaban tratar en sus textos de destrucción, violencia, satanismo… Del mismo modo que vestían la típica chupa de cuero, unos vaqueros y botas, podían aparecer también en bermudas y con una gorra. Otro hecho diferencial lo encarnaba su vocalista, Joey Belladona, cuya forma de cantar es más propia del heavy clásico que del thrash. De hecho, se cuenta que cuando acudió a la audición para entrar en la banda, cantó canciones de Journey y no conocía el estilo musical de Anthrax.

Hace treinta años publicaron su quinto álbum Persistence of Time, el último de thrash “ochentero” y con Belladona como cantante (volvería en 2010). Después contrataron a John Bush de Armored Saint y su estilo se dirigió descaradamente al grunge. Si vd no se cree lo que digo, escuche ‘Fueled’ y desmiéntamelo.

En este LP sobresalen temas como ‘Time’, ‘In My World’ o ‘Discharge’, aunque la más famosa y de la que nunca se olvidan en sus directos es la pegadiza versión de Joe Jackson ‘Got the Time’. Digno de mención es la influencia que, según los mismos componentes de la banda, ejerció Salvador Dalí en ellos mientras grababan este álbum. Viendo la portada y el título, nos podemos hacer una idea de ello.

 

 

Kreator: Coma of Souls

El único exponente de thrash europeo que recogemos en este artículo recordatorio y no es por falta de candidatos. Junto a Destruction, Tankard y Sodom, Kreator conformaba lo que se denominó como el “Big Four” alemán, y todos ellos sacaron al mercado un nuevo álbum en 1990, pero de los cuatro el más exitoso fue sin duda este Coma of Souls.

Mucho seguidor de este subgénero metalero y conocedor de la trayectoria de Kreator, afirmará que su álbum treintañero es el mejor de su discografía. Otros dudarán, poniendo de relieve Extreme Aggression (1989) y no pocos (mi menda incluido) se decantarán por Pleasure to Kill (1986). Lo que ninguno de ellos dejará de confirmar nunca es la enorme calidad de Coma of Souls, gracias a temas como ‘When the Sun Burns Red’, ‘People of the Lie’ o ‘Mental Slavery’, por no decir cualquier otro, dado que se trata de un “discazo” de arriba abajo.

 

 

Pantera: Cowboys from Hell

Deliberadamente dejo Pantera para el colofón de este artículo, ya que no se trata de un grupo de thrash metal clásico, sino de lo que se suele llamar groove metal, que era la variante metálica predominante en los 90 y que, en el fondo, era muy cercano al thrash. En el mundillo siempre se ha relacionado a Pantera con bandas como Slayer, Megadeth, etc., y es raro que el fan de uno no lo fuera de los otros.

Esta banda tuvo un éxito rotundo, recogió el testigo de los grupos de thrash y fue el auténtico estandarte del metal en una década maldita para este estilo musical. Curiosamente iniciaron su carrera en 1981 como un grupo de glam metal muy influenciados por Kiss. En 1988 reemplazaron a su cantante, ficharon a Phil Anselmo con el cual publicaron Power Metal y el estilo de la banda empezó una mutación que se cristalizó en Cowboys from Hell. Los primeros LPs son ahora auténticas piezas de coleccionismo difícilmente adquiribles.

Hasta el año 2000 publicarían cuatro discos más y otro en directo. Su música fue progresivamente endureciéndose. Entre los fans hay disparidad de opiniones a la hora de determinar cuál fue su mejor trabajo, dándose una dura competencia entre el disco que tratamos, Vulgar Display of Power (1992) y Far Beyond Driven (1994), siendo quizá el segundo el vencedor por un ligero margen.

En cuanto a los cortes de este Cowboys from Hell, nos encontramos con verdaderos himnos del metal en general, como es el primero (homónimo del disco), la semibalada ‘Cemetery Gates’ y ‘Domination’ que destacan sobremanera a pesar de hallarse en un álbum enorme en su conjunto. A un servidor también le gustaría destacar otros temas como ‘Psycho Holiday’, ‘The Sleep’ o un ‘Shattered’ que siempre me llamó la atención por su potencia y, sobre todo, por el registro vocal de Anselmo, que distingue esta canción de todas las demás del LP y que siempre me recordó, salvando las distancias, la voz de Rob Halford.

 

 

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